La selección española de baloncesto sigue invicta en sus encuentros de preparación de cara al Mundial de Japón. La última víctima del combinado de Pepu Hernández fue la campeona olímpica. Una argentina que sucumbió por 79-67 en un encuentro que apenas contó con la presencia de Pau Gasol, que sufrió un golpe en la espalda en el primer cuarto.
Seis partidos y seis victorias. Entre ellas dos más que serias y que aportan una idea de cuál es el objetivo del combinado nacional en la cita nipona. Ante la renovada Serbia apenas se pudieron sacar conclusiones pero ante el combinado albiceleste España demostró de lo que es capaz tanto con como sin Pau Gasol. En un partido vibrante en sus primeros 35 minutos, el público que abarrotó el Madrid Arena apenas pudo disfrutar del baluarte nacional. A los pocos minutos, el de los Grizzlies sufrió un golpe en la espalda que le descartó, por precaución, para el resto del encuentro.
En cualquier caso, España, como demostró, aunque sin suerte, en el pasado Eurobasket de Serbia, es mucho más que el jugador de Sant Boi. Garbajosa, imperial en el tiro exterior, sensacional en el rebote bajo cualquiera de los dos aros, máximo exponente del despegue español en el marcador; Calderón, director de juego inteligente, rápido y listo como ninguno en la tarea de manejar las tropas; Mumbrú, el estilete que dio la puntilla desde el 6′25; Rudy, rapidísimo y con los muelles que tiene por piernas a máxima potencia; y, como no, Navarro, la máquina perfecta de hacer puntos ante cualquier defensa. El resto acompañó: destellos de Sergio Rodríguez, ráfagas de velocidad de Carlos Cabezas y el trabajo oscuro y siempre necesario de Carlos Jiménez.
Siempre por delante gracias a la eficacia española y a la empanada argentina de los dos primeros cuartos (17-14 al final del primero; 39-31 al descanso), a la vuelta del paso por los vestuarios se esperaba a una Argentina brutal, volcada. Igual que en el recital que ofreció frente a Lituania remontando 14 puntos. Sin embargo, la potencia que Sergio Hernández atesora en su grupo simplemente no estuvo.
El poderío exterior que representan los Ginóbili, Delfino, Herrmann, Sánchez, Prigioni y compañía no hizo acto de presencia aunque para salvar los muebles durante los 20 primeros minutos apareció la mejor versión de Oberto, defenestrado en San Antonio y que mostró toda su valía ante España. Cuando ‘Fabri’ no estaba, el veterano Rubén Wolkowyski tomaba el relevo y entre ambos mantuvieron vivas las opciones de la albiceleste.
De todas formas hoy no era el día de Argentina. Una de esas rachas imparables a que España no está mal acostumbrando desató un parcial de 18-3 en el tercer cuarto, con 14 puntos de Mumbrú incluidos, y estableció la diferencia en una máxima de 21 puntos. Pepu Hernández se relajó y concedió minutos a Berni Hernández y Edu Hernández-Sonseca en un último intento por concederle oportunidades al madrileño de entrar en el grupo que viajará a Japón. El partido estaba muerto y decidido. Al menos en la mente de cualquier jugador o aficionado corriente.
Los argentinos están hechos de otra pasta. Para ellos nada termina hasta el bocinazo final y en ese espíritu de dar la vida en cada balón, Andrés Nocioni es maestro. El ex del Tau decidió echarse el equipo a sus espaldas y comenzó a tirarse hasta las zapatillas. El problema es que le entró todo y en menos de dos minutos puso a su equipo a 11. Prigioni apuntilló y colocó a los argentinos a ocho ¡con siete minutos para el final!
Argentina estaba viva y, ahora, la empanada era toda para España. Duró tres minutos. Los que tardó Calderón en afinar desde fuera y devolver una renta tranquilizadora y estable en torno a los diez puntos que, a la postre, fueron los 12 definitivos que conceden a España a papel de favorito a todo en Japón con o sin Gasol.
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