Primero y principal, fue el dinero que llevó a Ben Wallace a los Chicago Bulls. Estaban ofreciendo un sueldo base de 16 millones de dólares -- superando en 4 millones la oferta de los Detroit Pistons -- y a fin de cuentas, todos sabemos que el dinero habla.
Pero también existió otro factor, uno que Wallace mantuvo en secreto hasta ahora, y que facilitó su decisión.
No le agradaba para nada el entrenador Flip Saunders. Y el resentimiento que le tenía a su ex entrenador tras quedar en la banca durante los últimos 12 minutos del último partido de Detroit en playoffs la temporada pasada, seguía allí en junio y julio -- cuando John Paxson, gerente general de los Bulls, y el entrenador Scott Skiles golpearon su puerta el 1º de julio y se instalaron por tres horas en su casa.
Al cruzar la puerta de la casa de Wallace, quien estaba con su mujer, Chanda, se sentía bastante inquieto, pero tres horas más tarde ya estaba más esperanzado. "No sabía qué tan realista era. Creo que todos nosotros pensamos que sería muy difícil sacar a Ben de Detroit, pero leyendo unas cuantas cosas, creímos que había una mínima posibilidad", dijo Paxson.
A fines de la campaña pasada, en Orlando, hubo un episodio en que Wallace se negó a regresar al partido, y luego del Juego 6 ante Miami, Wallace señaló que todo no estaba tan bien al otro lado del Lago Michigan.
"La cuestión era que teníamos el dinero, y promocionamos que Scott es un hombre que no anda con tonterías que viene a trabajar todos los días. No teníamos otro tipo de planes, pero creo que hubo una parte de Ben que dijo 'tal tez sea hora de cambiar de equipo una vez más y ver si puedo hacer algo grande en otro lado'. Vimos que había algo [en Detroit] con lo que no estaba tan contento como antes, pero honestamente no creí que teníamos una gran oportunidad", Paxson dijo a Insider en la oficina que heredó de su predecesor, Jerry Krause, con vista a la cancha en las instalaciones suburbanas de práctica de los Bulls.
Lo que sí tenían los Bulls era flexibilidad salarial, lo que les permitió ofrecerle a Wallace, mucho, pero mucho más que los Pistons estaban dispuestos a pagar. El sueldo base de 16 millones de dólares debería terminar siendo la mayor cantidad de dinero que Wallace gane en una temporada de NBA, ya que las cifras en su contrato bajan gradualmente a 15.5 millones la próxima campaña, 14.5 millones en el 2008-09 y 14 en el 2009-10. No obstante, el total llegó a 60 millones, 8 más que el máximo ofrecido por los Pistons.
En una liga en que el objetivo es ganar dinero, cuanto Wallace más lo discutía, más evidente parecía la decisión -- a pesar de era el jugador favorito de los aficionados de Detroit, que su nombre se recitaba último en las presentaciones de los partidos, que era el jugador que personificaba la ética de trabajo que los Pistons siempre consideraron como la clave del éxito, y que tal vez hubiera podido retirar su número cuando terminara su carrera en Motown.
"Evalué todos los pros y los contras. Una de las cosas que realmente me hicieron sentir muy cómo de venir aquí no fue algo que hiciera Pax o Scott, sino que fueron todos mis compañeros de Detroit, grandes hombres, grandes compañeros y grandes amigos, fue como que estábamos negociando todos juntos", dijo Wallace. "Mi agente habló con Pax, y luego vino a hablar conmigo. Y cuando terminamos de hablar corté el teléfono y llamé a Chauncey y le conté el pronóstico, luego a Rip, Rasheed, Lindsey, Tayshaun y esos muchachos. Así que no es que tomé la decisión solo. Hable con ellos, y todos me dijeron que les encantaría ser egoístas y decirme que necesitaban que yo regrese para volver a intentarlo, pero dijeron que parecía una situación ideal con un equipo que les recordaba a nosotros cuando ganamos el campeonato. Dijeron, 'Parece ser la mejor situación para ti, y no podemos culparte si la tomas'", dijo Wallace.
Así que Wallace la tomó, dejando atrás sus seis años en Detroit -- junto con un entrenador que no le servía.
Seguía enojado por haber sido enviado al banco en el Juego 6 ante Miami, y esquivó su entrevista de despedida con Saunders en Auburn Hills, optando por hablar sólo con el presidente del equipo, Joe Dumars.
"En ese momento, todavía estaba muy frustrado, así que no había razón para que me entrevistara con Flip", recordó Wallace. "Creo que lo peor que puedes hacerle a un jugador que ha luchado contigo toda la temporada fue haberme puesto en el banco, forzándome a ver todo el último cuarto sin posibilidad de entrar en acción. Fueron los 12 minutos más difíciles que he tenido que jugar -- o mirar. Todavía lo tengo presente".
Aquella noche en Miami, luego del Juego 6, entrevisté a Wallace y concluí que lo más factible era que se fuera cuando lo escuché decir: "Todos saben dónde está mi corazón. Está en mi pecho". Wallace dio a entender su furia por haberse sentado en el último cuarto, pero en general se contuvo y nunca mencionó a Saunders.
El miércoles pasado, tras la doble práctica de los Bulls, Wallace finalmente decidió confiar a ESPN.com sus verdaderos sentimientos.
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