sábado, septiembre 09, 2006

Charles Barkley, Dominique Wilkins y Joe Dumars nuevos integrantes del salón de la fama


De los tres jugadores que se sumarán al Salón de la Fama del Básquetbol el viernes, dos eran estrellas universitarias -- selecciones de lotería, como diríamos hoy en día. Dominique Wilkins de Georgia fue la tercera selección del draft 1982 (elegido por Utah, aunque no lo crean). Dos años después, los Sixers tomaron a Charles Barkley con la quinta selección. Joe Dumars, por otro lado, jugó en la oscuridad de McNeese State y fue elegido con la selección número 18 en 1995 por los Pistons, su único equipo.

Pero sabiendo lo que sabemos ahora, si pudiéramos volver a colocar a estos tres hombres en un draft, ¿cómo los calificaríamos? Todos tendrán la misma importancia en Springfield, ¿pero quién está más cerca al "círculo interno" del Salón de la Fama?

Teniendo en cuenta su desempeño personal, sus anillos de campeonato y mis propias observaciones, yo los elegiría en éste orden:

Primera selección: Charles Barkley

Habla David Stern: "Con su primera selección en el draft del Salón de la Fama 2006, Ken Shouler de ESPN.com elige a Charles Barkley". Fuertes aplausos y algunos abucheos. ¿Por qué Barkley sobre Dumars y Wilkins?

Barkley es el mejor rebotero pequeño de todos los tiempos. Elgin Baylor, como Barkley, alero de 6-5, consiguió apenas más tableros por partido que Sir Charles, pero tuvo más tiros errados desde 1959 hasta 1972 que pincharon su total. Además de ser un ala/pívot pequeño, Barkley también era un gran anotador, promedió 22 puntos en lanzamientos al 54 por ciento en su carrera.

Pero puedo escuchar los abucheos en la distancia. Después de todo, Wilkins fue un mejor anotador y Dumars ganó dos títulos (y otro anillo como ejecutivo).

Es verdad que las marcas de Philadelphia bajaron por cuatro años consecutivos, comenzando desde el año de Barkley como novato. Pero eso tuvo más que ver con el declive de Julius Irving y Andrew Taylor, sin mencionar la partida de Moses Malone tras la campaña '86. En realidad, el descenso comenzó cuando los Sixers, como campeones reinantes, ganaron 52 partidos en 1984 pero perdieron ante New Jersey en la primera ronda. Barkley estaba terminando en Auburn y no tuvo nada que ver con ese papelón.

Jugó ocho años para Philly. Si los Sixers se hubieran consolidado en la posición de alero y pívot, les habría ido mejor. Aún así, con el principio de la década de los '80 en manos de los Pistons y los comienzos de '90 bajo el imperio de los Bulls, los progresos de Philly habrían tenido que ser muy significativos para superar a estas dos potencias del Este.

Dicho lo anterior, la experiencia de Phoenix prueba no sólo la grandeza individual de Barkley sino también su habilidad de liderar un equipo. Durante su primer año con los Suns, en 1993, marcó 25.9 puntos y bajó 11 rebotes, fue nombrado Jugador Más Valioso de la liga, y llevó a su equipo a seis juegos contra los Bulls en la serie final. Sólo un terrible desmoronamiento en los segundos finales del Juego 6 privó a los Suns de un séptimo partido que hubiera sido en Phoenix.

Los Suns estaban 98-94 arriba con 49 segundos por delante e incluso tenían la posesión. El guardia Frank Johnson erró un tiro en salto abierto, y Jordan se fue de costa a costa arrimando el resultado a 98-96. Increíblemente, Dan Majerle luego hizo un lanzamiento profundo desde la línea de base. Un tiempo muerto de los Bulls con 13 segundos en el marcador terminó con un triple de John Paxon para ganar el título.

En la serie final, Barkley promedió 27.3 tantos, 13 rebotes y 5.5 asistencias. ¿Qué más podría haber hecho? Como siempre, Michael Jordan marcó la diferencia, promediando unos imposibles 41 puntos, 8.5 rebotes y 6.3 asistencias. Puedes culpar a Barkley por eso, pero yo no.

En síntesis, Barkley fue un hombre de 20-10 (20 tantos y 10 rebotes por partido) por 11 campañas consecutivas. Otros líderes:

Con algunas de sus travesuras, Barkley seguramente haya parecido una persona volátil. Pero sus números eran estables. Y los promedios de su carrera en puntos, tableros y asistencias siempre subían en los playoffs.

Segunda selección: Dominique Wilkins

Tus recuerdos se dirigen a aquél giro de 360 grados que les dejaba el cuello retorcido a sus defensores. O recuerdas aquellos dos campeonatos en el concurso de clavadas con espectaculares hundidas, y aquel tercero que podría haber ganado si no fuera porque compitió ante Jordan en Chicago.

Pero se honesto: También piensas en un equipo de los Hawks que triunfó por última vez en 1958 cuando el equipo ganó en St. Louis. Cero títulos.

Pero, un momento. 'Nique' es sólo uno en una larga lista de grandes jugadores que no ganaron ni un título. ¿Cómo habría sido un Equipo de Estrellas compuesto por estos hombres?

En el primer equipo, elegiría a Elgin Baylor y a Karl Malone como aleros. Patrick Swing en pívot. Los escoltas; John Stockton y Jenny Wilkins, miembro del Salón de la Fama como jugador y entrenador.

Ahora te pregunto -- ¿fue déficit de talento lo que no les permitió ganar a estos jugadores? No es muy factible. Sería más acertado decir que no contaban con el apoyo suficiente.

Wilkins promedió 25 tantos y siete rebotes por partido en su carrera. Eso es suficiente. Y sus Hawks a fines de los '80, bajo la dirección del entrenador Mike Fratello, promediaron 52 victorias por cuatro años consecutivos. No fue suficiente para superar a los Celtics y luego a los Pistons. Pero tampoco es un fracaso.

Tercera selección: Joe Dumars

Dumars fue el anti-Wilkins. Jugaba a ambos lados del balón y, durante los mejores años de Detroit, era apenas el tercer anotador, detrás de Isiah Thomas y Adrian Dantley.

Pero Dumars calzó a la perfección en la equilibrada ofensiva de los Pistons, y la defensiva de Detroit fue la mejor de la franquicia en aquellos tiempos. "Las Leyes de Jordan", una serie de tácticas defensivas diseñadas para darle una paliza a Jordan y obligarlo a desprenderse del balón -- mantuvieron a Chicago controlado hasta que MJ jugó su séptima campaña. Jordan admitió que Dumars era el defensivo más difícil de enfrentar. De hecho, Dumars fue convocado a la primera defensiva del Equipo de Estrellas de la NBA cuatro veces.

También lideró la sorprendente barrida de los Lakers en 1989 con un promedio de anotación en serie de 27.3. Con una desventaja de los Pistons en el tercer cuarto del Juego 3, Dumars anotó 17 puntos consecutivos y 21 totales en el cuarto, en uno de los partidos de finales más memorables de la historia. Era de suponer que iba a ser nombrado Jugador Más Valioso de la Final.

La excelencia individual de Dumars siempre quedó escondida en su adaptación al juego de equipo. Como los Celtics de la década del '60 o los Knicks de los '70, los Pistons ganaron con equilibrio, no con estrellas. Dumars parecía conforme con eso. Y es esa habilidad de jugar a un alto nivel como miembro de un gran equipo, junto con sus logros recientes como presidente de los Pistons, es lo que hace de Dumars un merecido miembro del Salón de la Fama.

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